miércoles 5 de marzo de 2008

Fonollosa en la habitación enorme.


Días de insaciable deseo de escribir, como si llevara años conteniéndolo: apenas trato de descansar, y de nuevo las ideas se interrumpen y me arrastran por todos lados. Hay un cierto riesgo en no darles salidas, no por su olvido, ya que eso no podría importame una vez cumplido: no quiero serles infiel, estas ideas que continuamente se hacen presentes son importantes en mí en su rudeza, como un síntoma de vida, lo que para mí es parte del espíritu. Aunque, bien pensado, cómo serme infiel?

Por eso Destrucción de la mañana, de Fonollosa, me ha alegrado el día: transcribo insteresadamente un trozo de poema:


Subo la escalera de mi casa

despacio, descontento, taciturno.

Tan sólo un pensamiento me conforta:


Las casas están llenas de frustrados.


La idea me interesa de manera aprovechable para mi poemario Masa. Después, en la edición de DVD se incorporan varias cartas de Fonollosa, donde reaparece el tema de la masa opuesta a la individualidad. En tiempos de Fonollosa, al parecer, el retorno a casa alentaba al resurgimiento del individuo, "un hombre corriente que se siente alegre o triste, dicho o desgraciado". Hoy, desde luego, no es así: la gente no quiere dejar de sentirse parte de una gran marea de inutilidad y placer si el dinero, el trabajo y la salud acompañan, santa trilogía de la masa. Son un hervidero de repeticiones hoy las casas.
Antes de acabar, quiero dejar constancia de la gran decepción que para mí ha sido: uno, ver la imagen de Fonollosa; dos, saber que Serrat ha rondado sus poemas.

1 comentarios:

carlangas dijo...

creo que no he insistido suficientemente en la idea de cómo Serrat puede desperdiciar un texto llevándoselo a su campo de batalla gitana, trasnochada y miserable