viernes 9 de mayo de 2008

José Luis Fernández Alcántara


Al tercer mes allí, José Luis ya ocupaba un importante cargo dentro del Comité, él fue quien dio la idea de ponerle un nombre vasco al lago, Laguna de Lanzoleta, así el número de turistas aumentaría, dijo, y también promovió el uso de la cultura hindú y la aromaterapia en Torremedina, no su conocimiento sino el uso, así como conciertos de Porter Wagoner, Horace Andy y otros que había metido en su plantilla discográfica a cambio de unas buenas noches en Ciudad Jazmín, club de rameras satisfechas por hombres de excavadoras, jóvenes, morenos y duros hombres solos que estaban elevando una espiritual exposición universal, idea que no tuvo José Luis, que resultaba una especie de gigantesca cicatriz vista desde el cielo, una cruz conteniendo una tienda de cada país, un poco de todos sus lados, algo como un desquiciado esfuerzo por la posesión y el resumen; por eso había que elevar bautizando la laguna de José Luis Alcántara, liderando todos los martes y jueves las nuevas clases de jacobismo literario y artístico, compaginando compromiso social y ecológico, sería un gran lugar Torremedina, decía Alcántara, junto a su laguna, pero a la laguna sólo llegaban senegaleses en bici con chalecos reflectantes, equipos enteros de negros sin trabajo cargando parabólicas en la espalda y los discos de Hot Drop y Abbey Lincoln sonaban en las esquinas, no siempre es fácil aprender a ser unos mismos, les decía, a veces vuestra cabeza y corazón parecerán extraños o enfrentados, entonces es el momento de la laguna, las largas y hondas aguas de la Lanzoleta os volverán hombres blancos!!