viernes 23 de mayo de 2008

Werner Herzog y Langas en el país de Nuncamás



terminé finalmente aceptando la obra de Herzog, principalmente por no ser parecido, el individuo, a la maldita raza de directores cinematográficos que hoy trapean por nuestros cines, seres fofos y caprichosos -piensen, por ejemplo, en el de El día de la bestia.


terminé aceptando a Herzog por verle subir montañas y evitar tomas hollywodienses, y los personajes de Herzog me parecían todos héroes literarios, y siempre hay algo que vence en la obra a la locura tan próxima a los personajes, la vida en Herzog se abre paso extenuadamente y al final lo conquista todo


Herzog va a grabar con Lynch My son, My son, cuyo argumento trata de desentrañar la verdadera influencia del hinduismo en los centros comerciales de Atlanta,
Herzog sólo lee lo que yo le recomiendo, ahora está metido en el GR-11, nos gustaría saber todo sobre geología pirenaica, la flora y la fauna nos aburren de una manera indeterminada, son, cómo lo diría, excesivamente irrelevantes, perecederas y extinguibles,
escuchamos discos de Palace Brothers junto a los canales de Munich, en su pequeña barca mientras echamos pulsos y un gato salvaje nos sigue entre los plátanos
Herzog me ha dicho que tengo que continuarle, que faltan caminantes niezstcheanos y que la gran mierda de internet sólo oculta y enmierda a los individuos, que cualquiera intenta, con cuatro trucos, venderte la moto
pero nosotros ya conocemos todos los trucos y nos aburren tanto todos los trucos:
ahora tienes que decirnos qué es exactamente lo que tenías que decir, si tienes algo nuevo, propio, que decir, sólo si sabes decirlo y sobretodo, sobretodo, si no vas a repetirlo nunca más