lunes 30 de junio de 2008

Capítulo II. Buda´s Wagoon!

Había probado todos los terrenos del Siam, antes de fundar Jacksonville. Un lote de tierra, quizá un par de comarcas o tal vez un verdadera ciudad, diez, veinte o treinta millones de tipos girando la máquina del petrolero (1), aturdidos como perros sin coincididencias, malditos giradores de cabellera rala y dura. Néstor, el hijo de Neleo, salía ya de la iglesia de su envidiable boda, salía y era igual que el cruzar una frontera para un exiliado, algo excepcional, pensando quizá en los arcos del destino que hacen que uno termine irremediablemente donde empezó. La laguna Azpaleta se separaba del río por dos caminos de tierra y una nave. Alguien imaginó que la cultura es una cuestión de nombres. Siempre queda alguien de viaje, cruzando hacia Europa, anticipando el sabor de los platos, los modos de sus hombres. Pero si todo es absolutamente lo mismo entre los ricos, qué importancia tendría educar el espíritu para captar matices. Y efectivamente es lo mismo. La misma tierra. Todos girando el petrolero de la muerte en el terreno de Siam. Yo próximo a Phnom Penh, otra vez amenazando al australiano, en la terraza, separado por la guardia. Sentado en mi vagón de Buda, viendo pasar las cosas que no ocurren, saboreando todo lo que no puede ser, y los niños muriéndose ante estos ojos.

(1) Hoy pero todos los días acontece la constatación de que carecemos de un visión de eternidad: maricones manejadóllares a coste del petróleo celebran un paripé en Madrid para justificar el modo en el que nuestro planeta se ha organizado para cerrar las puertas a los nuevos ciudadanos. A la fuerza ahorcan y hoy el tiempo ha puesto al alcance de todo el planeta la capacidad de disfrutar de una vida que, ya lo sabemos, carece de resonancia. Y las clases marginadas del planeta han abierto la boca. La diferencia entre pobres y ricos parece haber saltado océanos y barrios residenciales y ahora caemos en la cuenta de que ya ni siquiera el disfrutar de ciertos lujos -coche, electricidad, veraneo...- nos es dado, ahora el primer mundo parece que debe acostumbrarse a renunciar -aunque infinetisimalmente, eso sí- a los manjares que teníamos ante los ojos. Dando otro pasito hacia el tercer mundo. Y el tercer mundo otro al cuarto. Y el que no se mueve es el primero: todo el negocio de la automoción, la construcción, las energías, ese negocio que se apodera de políticas globales y las mentes serviles votadoras empedernidas hijasdeputa entusiastas cuatrañeras y verborreicas, ellos hoy celebran su día, el días del siervo del modelo, reuniéndose para pactar la imagen que deben adoptar ante la injustificable realidad de un planeta inclinado a sus antojos que se va deprisa a tomar por se oscuro y sucio absurdo culo.

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