martes 22 de julio de 2008
Buda´s wagoon. Cap. III
lo que hacíamos era francamente interesante, pagar finiquitos. habíamos cruzado Bulgaria para atender la necesidad de Sid Aliha, desprenderse de su séquito de zorras redomadas y emplazarlas ahora por un grupo de intelectuales tailandeses, rama dura zen: Sid sabía por la alcaldesa lo nuestro con los limpiadores de alfombras persas, le dijo, saben cómo hacerlo. pero nosotros deberíamos haber llegado hace tres semanas a Arzebaijan y aquí estamos, acojonando putas en vez de encontrar el jodido equilibrio, no hay manera de cruzar la calle y me meo, putos ricksaw. cogimos, al fin, a la gigante olvidadora, y montados al caballo de su espalda llegamos a Sid: subíamos puentes, ella fingía semáforos y stops. esto es Europa. las aguas pasaban delante de los templos, los cuerpos incendiados caían, a veces sin arder, sólo un bazo, un trozo de codo, una pierna, pero ahí estaba Julius, recogiendo cada trozo y volviéndolo a echar al fuego. esto es Europa. la gigante era también zen, así que no había por qué esconderle quién era Langas. juró haberlo notado. serás nuestra guía hasta Persia. una vez allí olvidamos el rencor. y Julius agitaba el aire con media polla.
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