Era una experiencia previsible, había oído hablar de ello, y llegó: la señora de la alfombrilla delante de mí se tiró un pedo, en la posición del diamante, sobre un cojín de la escuela, uno de esos pedos rápidos e inoloros pero avergonzantes igualmente. Hoy no iré a clase, me da asco pensar en ello. Dejé natación por pudor. Dejé alemán por vergüenza. Y dejé danza-jazz porque parecía una de esas locas rellenas de último saldo.
La señora del pedo lleva quince años en la escuela: una vez más, viejos amigos, la confianza da asco.
2 comentarios:
Vaya, con el título pensaba que habías pasado del yoga y habías vuelto a beber alcohol!!! Me lo tengo que hacer mirar!
el viernes hace un año de tu último post, puedes continuar...
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